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(La red)
Foro de formación / Tailandia

Asia Pacífico desde América Latina

Ésta no es –no intentar ser– una mirada objetiva de la situación de las radios comunitarias en Asia Pacífico. Son más bien algunas reflexiones que se garabatearon en notas, conversaciones y retratos durante el viaje de una radialista uruguaya y latinoamericana que participó del Foro de formación de AMARC en Bangkok.


Por María Belén Itza, Radio Vilardevoz, AMARC Uruguay

Durante los días 11, 12 y 13 de diciembre de 2011 se llevó a cabo en Bangkok, Tailandia, el primer Foro de formación de radios comunitarias de la región Asia Pacífico de AMARC para «fortalecer el impacto en relación a la mitigación del cambio climático, la lucha contra la pobreza y la promoción de los Derechos Humanos». Lo organizó nuestra red con apoyo de agencias internacionales, asociaciones de comunicación locales y organismos públicos tailandeses. Participaron más de 150 radialistas de más de diez países: India, Nepal, Korea del Sur, Filipinas, Timor del Este, Camboya, Indonesia, Laos, Pakistán, Afganistán y Fiji fueron algunos de los representados.

Cuando empezamos a pensar este artículo quisimos que el Encuentro fuera una oportunidad para compartir un panorama que aporte a la reflexión, desde este lado del mundo, sobre la situación de las radios comunitarias en aquellas remotas latitudes. Aún unos meses después y con los kilómetros recorridos de regreso a Uruguay, no es fácil tomar distancia. Pero tal vez no sea mirar de más lejos lo que permita comprender mejor. Tal vez sea la intensidad, la posibilidad del afecto, de lo propio, lo que genera la diferencia en el relato.

Entonces es vital reconocerse en el lugar desde dónde se mira, se escribe y se habla. Reconocer cuáles son las condiciones sociales, históricas, políticas que producen esa perspectiva. En mi caso, uno de esos lugares es Radio Vilardevoz, una emisora de puertas abiertas en un hospital psiquiátrico –de puertas cerradas–. Un lugar en el que inventamos otras formas de hacer comunicación para construir un lugar posible para la locura y desafiar al modelo hegemónico de atención en salud mental. Desde ahí nos enredamos en AMARC Uruguay, donde compartimos con otros colectivos la convicción de que la comunicación comunitaria es una forma de cambiar el mundo, que también es un derecho y que hay que luchar para que se cumpla. Y desde ahí también construimos AMARC ALC, conscientes de que habitar esta parte del mundo nos hermana en escenarios y causas comunes que tienen que ver con los efectos del neoliberalismo en nuestras tierras: exclusión, desigualdad y vulneración de los Derechos Humanos. Somos parte de AMARC ALC como un movimiento compuesto por colectivos diferentes. Muchos países, muchas culturas, muchas formas de gestión, muchas problemáticas y muchas formas de decir. Se hace el movimiento en la posibilidad de generar encuentro en la diferencia, conexiones múltiples que habiliten el intercambio y el aprendizaje desde las prácticas propias y ajenas. Queda entonces advertido el lector, advertida la lectora.

Todos los lugares, un lugar

Después de un «quijotesco» viaje, el avión aterriza en Bangkok. Seguí las instrucciones: tomar un taxi al hotel. Un taxi rosado, con un tailandés el volante, que está del lado derecho del coche. Con mi inglés básico le dije la dirección de destino. De camino le suena el celular, que tiene el mismo rington que el mío. Increíble. Con sólo un sonido vuelvo a estar en Uruguay.

Hay un rey, omnipresente, con corona, trajes, gigantografías por toda la ciudad y en los hogares. Un incuestionable.

Los hindús veneran a Hanuman, un dios mono, devoto del Dios Rama. Se dice que es capaz de adoptar cualquier forma, ya que simboliza la fuerza y la energía. Tiene poderes mágicos e incluso la habilidad de luchar con los espíritus malignos. Bangkok es eso: tecnología y globalización intercalada con culturas milenarias.

La superficie

Una de los aspectos que rápidamente me sorprendió fue la formalidad del encuentro. La apertura fue en una de las salas del hotel. Un escenario con estrado se encontraba en uno de los extremos de la sala, repleta de mesas redondas vestidas donde más tarde, en la cena, nos servirían comida típica tailandesa. Los atuendos de los participantes estaban a la altura: trajes para los hombres, túnicas en algunos casos, vestidos las mujeres, algunas con la cabeza cubierta.

Desde el escenario hablaron representantes de las diferentes organizaciones, aliadas de AMARC para llevar adelante este encuentro. Se acercaban seguidos por una luz y con música al tono para compartir unas palabras desde el estrado y abrir el encuentro. Lo mismo sucedió en la ceremonia de cierre, cuando las y los participantes aprovecharon para fotografiarse con quienes estuvieron a cargo de coordinar los talleres.

Otra sensación que quedó marcada es la calidez con que nos recibieron en las radios. Fue un encuentro súper próximo y una podía sentirse como en casa, aún en un lugar tan alejado.

Tal vez estas apreciaciones parezcan superficiales, pero al encontrarse con una cultura tan diferente a la propia estos aspectos cotidianos pueden revelar formas de vivir diferentes que es interesante conocer. La superficie aparece en este relato como forma de acercamiento.

El fondo

Los talleres abrieron muchísimas discusiones. En uno de ellos se presentó una matriz que permite construir un mensaje teniendo en cuenta las definiciones acerca del público objetivo y del tipo de programa, y señalaba incluso los efectos esperados en la audiencia. La propuesta era aplicar esta matriz a los problemas principales que las radios tienen en sus comunidades con el objetivo de construir un mensaje efectivo. Pero los problemas no eran tan lineales como la matriz pretendía y esa es una de las discusiones que se instala: ¿cómo pensamos los procesos de comunicación con nuestra audiencia? ¿Cuál es el lugar del otro que escucha nuestra radio? ¿Cómo lo concebimos? En las intervenciones de los participantes se fue expresando que los procesos de transformación social de los que participamos no pueden medirse en conductas concretas, en efectos aislados o cuantificables. La realidad es siempre mucho más compleja, con causalidades múltiples y acontecimientos novedosos. Concebir la comunicación como un proceso de construcción colectiva de sentidos nos obliga a pensar en quienes escuchan como sujetos activos, dispuestos a negociar significados y transformarse en el mismo proceso. En suma, actualizamos en Bangkok la discusión que hace tiempo se viene dando en América Latina acerca de la diferencia de enfoques que se sintetiza en los términos impacto e incidencia.

¿Y cuáles son los problemas de las comunidades donde están las radios? Desde una emisora contaron que en algunos lugares las mujeres no votan. Desde otra, que en su lugar los niños van a la escuela, pero las niñas no. Trataba de explicarles que en Uruguay estamos luchando para que se despenalice el aborto. Realidades diferentes pero que tienen en común la desvalorización del lugar de las mujeres, y entonces reafirmamos la importancia de las radios comunitarias en la construcción de verdaderas democracias en que la participación igualitaria esté garantizada. En cada comunidad, en cada país, cada radio ideará –como lo vienen haciendo– las mejores formas para defender este derecho. En Tailandia este tema es fundamental porque es un país con altos índice de prostitución en condiciones de enorme vulnerabilidad.

La Red de Mujeres invitó, como parte de su propuesta de taller, a visitar una comunidad de Bangkok donde pudimos conversar con los pobladores e indagar, por ejemplo, acerca del lugar de las mujeres en las inundaciones. Hubo también un intercambio entre las mujeres que participamos del encuentro: desanudamos problemáticas y anudamos la red. Pero la perspectiva de género no se limitó al par mujer/varón. La comunidad LGTTB (lesbianas, gays, travestis, transexuales, bisexuales) coordinó un taller educativo y dio cuenta de las repetidas vulneraciones a sus derechos.

Sabemos que aquello que se aparta de la norma suele ser discriminado y excluido. La diversidad sexual y también los medios que se mueven por fuera de la lógica dominante. Es nuestro desafío como movimiento de radios comunitarias generar las condiciones para visibilizar las diferencias, para abordar todos los debates, para tomar la palabra y, con voz propia, construir nuevos sentidos y subjetividades que incidan en la profundización de la democracia. •




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