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(La red)
La Primavera árabe y los medios

Del ocaso al amanecer

Magreb y Máshreq son los nombres árabes del lugar donde sale y se pone el sol. La parte más occidental y la más oriental de la región. Por todo el territorio y el recorrido del sol se extendió la Primavera árabe, y la censura y la violencia sistemática contra los medios de comunicación para evitar que las revueltas se propagaran. AMARC se reunió en Túnez para impulsar y apoyar la democratización de la región, también en el campo de las comunicaciones.


La Primavera árabe comenzó en Túnez, en la parte donde el sol se oculta, y se extendió a Argelia, Libia, Egipto, Jordania, Yemen, Siria, Bahréin y Líbano. Del Máshreq al Magreb. Del ocaso al amanecer.

El vendedor ambulante tunecino Mohammed Bouazizi murió en enero de 2011 tras incinerarse en protesta por las condiciones económicas y el maltrato policial. Las manifestaciones populares exigieron que se mejoren las condiciones de vida, igualdad, trabajo, justicia social y un cambio democrático.

En Egipto, Hosni Mubarak dejó el poder el 11 de febrero de 2011 después de casi treinta años y tras 18 días de represión. El 14 de febrero, el dictador tunecino, presidente de la república desde 1987, Zine El Abidine Ben Ali, huyó del país. En Libia, la guerra civil entr e partidarios de Muamar el Gadafi y los rebeldes dejó miles de muertos y desplazados y concluyó con el asesinato del militar y político libio en octubre de 2011.

En la difusión y ampliación de las revueltas jugaron un rol importante los medios de comunicación y las redes sociales, por eso la represión estatal los identificó como blanco específico y aplicó medidas de una violencia sistemática contra periodistas, medios de comunicación, ciberciudadanos y, a la larga, contra toda versión extraoficial de los hechos.

En marzo de este año, AMARC realizó una Conferencia internacional en Túnez, «un gesto de reconocimiento a los movimientos sociales y políticos que surgieron durante la Primavera árabe y que abrieron caminos hacia medios de comunicación más plurales», señala María Pía Matta, presidenta de la red.

El silencio

El balance de Reporteros sin Fronteras sobre la Primavera árabe da cuenta de violaciones sistemáticas de todo tipo a la libertad de expresión para imponer un riguroso silencio a los medios de comunicación y la sociedad civil en general.

Los periodistas fueron blanco de amenazas y campañas de violencia y difamación en Egipto y de intimidaciones en Túnez. En Yemen, varios fueron atacados al cubrir las manifestaciones, se destruyeron sus cámaras y las tarjetas de memoria. En ese país, las amenazas telefónicas, las agresiones físicas, las detenciones y los secuestros se volvieron corrientes.

La cobertura periodística estuvo muy controlada. En algunos casos, sólo los medios que apoyaban al régimen estaban autorizados a tomar imágenes. Se negaron las visas a muchos periodistas. Quienes sí pudieron ingresar al país –es el caso de Bahréin– fueron escoltados para restringir los temas tratados. En Egipto se impidió a los reporteros acercarse a las manifestaciones callejeras. Varios –en Yemen por ejemplo– fueron expulsados. También sufrieron intimidaciones quienes ofrecieron sus testimonios sobre la violencia oficial.

Hubo ataques a las instalaciones de canales de televisión y confiscación de equipos en Túnez y Egipto. En Libia fuer on interferidas las señales de las cadenas, entre ellas Al-Jazeera que también suspendió sus actividades en Siria y en Yemen tras recibir múltiples amenazas. En ese país también se volvieron frecuentes los ataques y las confiscaciones de publicaciones independientes u opositoras y las agresiones a sus distribuidores. En Egipto fueron interferidas y más tarde cortadas las redes de telefonía móvil y de Internet. En Yemen se dispone de una hora diaria de electricidad.

Los medios extranjeros se valier on de las imágenes que conseguían a través de Internet, y las redes sociales concentraron y difundieron buena parte de la información ante la censura impuesta a los medios tradicionales. La convocatoria a las manifestaciones se propagaba por Facebook y Twitter impulsadas sobre todo por jóvenes, hasta que estas herramientas fueron también blancos de la represión.

En Túnez, «Ammar 404» se convirtió en metáfora de la censura en Internet porque ese número es el código de «no encontrado» que aparece en los sitios bloqueados. El Gran Hermano virtual tunecino es responsable de la clausura de incontables páginas web y blogs, canales de video, usuarios de Facebook, el acceso a flickr (plataforma para compartir imágenes), a comunidades de blogueros y traductores on line. También fueron pirateadas cuentas de Facebook y correos electrónicos para infiltrarse en redes de periodistas ciudadanos. En Egipto, Twitter fue bloqueado y el acceso a Facebook fue restringido. Siria también cuenta con un ciberejército a cargo de perseguir a los disidentes en las redes sociales. En Yemen fueron bloqueadas las versiones on line de periódicos independientes y también la conexión a Skype, muy utilizado para dar entrevistas a medios en el exterior.

Fueron detenidos –y en algunos casos condenados a prisión– blogueros, fotógrafos y activistas de la libertad de expresión. En Siria fueron inter rogados y torturados. En Bahréin, el administrador de un foro de discusión virtual murió mientras estaba detenido. En total, fueron once los periodistas muertos. En Libia, un bloguer o fue asesinado tras crear un canal de televisión en Internet. Como éste, muchos otros medios fueron creados después de la insurrección en ese país, especialmente periódicos, canales que transmiten vía satélite y radios.

La democracia en el medio

El contexto es a la vez complejo y promisorio para la libertad de expresión. La comunicadora jordana Sawsan Zaida, vicepresidenta de AMARC por Medio Oriente y Norte de África, dice que, a nivel político, «la situación de la Primavera árabe aún es poco clara. Se puede ver mucha violencia todavía. En algunos países hay un cambio de régimen, pero mucha gente piensa que son sólo cambios en las cúpulas del régimen y que no hay transformaciones radicales». Pero desde la perspectiva de los medios y la libertad de expresión es más optimista porque, dice, «los cambios van de abajo hacia ar riba. El pueblo está tomando los medios en sus manos en este momento.»

La demanda principal de la Conferencia de AMARC que reunió a más de cien comunicadores, comunicadoras y representantes de organizaciones internacionales es que se institucionalice el derecho a la comunicación en los países de la región Magreb-Máshreq. «El gran desafío es cómo los gobiernos dan cabida a medios de comunicación privados y comunitarios en países donde todo está bajo control estatal», puntualizó María Pía Matta, y se reclamó a los Estados el fin de las amenazas y ataques a las radios asociativas y comunitarias y que pongan en marcha políticas públicas para promover su fortalecimiento y garantizar su reconocimiento sin discriminación de ningún tipo.

«La Conferencia de AMARC es parte de lo que está sucediendo en la región», analizó Sawsan Zaida. «Es un tiempo cr ucial y es muy útil reunirnos para debatir qué hacer, especialmente porque en muchos países de la región hay procesos de cambio en las políticas, incluso con el establecimiento de una nueva organización de los medios de comunicación.» Por eso es central «tener un mejor conocimiento de cómo desarrollar radios comunitarias y cómo trabajar en red».

El futuro de la Primavera árabe también se decidirá en el modo en que se articule el derecho a la comunicación. •




 
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