| EN ESTE NÚMERO (15) |
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Cara y Señal #15 Editorial Equipo Cys 15 El lenguaje del desarrollo Desalambrar el sentido Conferencias en Río de Janeiro Perspectivas encontradas O que esperar da Rio+20 Pueblos originarios andinos Desarrollo y libertad de expresión Testimonios Entrevista Cândido Grzybowski Derecho a la comunicación Criminalización / Chile El derecho penalizado / Chile Periodistas asesinados en Colombia Ley de Protección en México Ley de Telecomunic. / Bolivia El itinerario de la diversidad La radio Eso es una radio El tratamiento del agua / Nicaragua Asociación Pukllasunchis / Perú Cosmovisiones / Guatemaya Audiovisual Infantil / Colombia Género Ley contra la violencia / Nicaragua Radio Candela / Paraguay La red Jóvenes en Centroamérica Declaración del encuentro Conferencia de AMARC Colombia Memoria escrita / Colombia La Primavera árabe y los medios Asia Pacífico desde América Latina Por los países Declaración de AMARC ALC Sabías qué? Radio Mochila / América Latina La radio saludable / Perú Publicaciones de AMARC ALC La violencia en Honduras Encuentro de Comunicación / Uruguay Foros de comunicación / Perú Informes de la Agencia Púlsar | (Derecho a la comunicación) El concepto en el tiempo El itinerario de la diversidad La noción actual de diversidad tiene como antecedentes las de «imperialismo cultural» y «excepción cultural», que sintetizan los intentos para impedir el avance de la liberalización del comercio internacional de la cultura. Como bien señala Diego de Charras, lo que está en juego no es sólo «la salvaguarda de la pluralidad a través de la conservación o protección de pequeñas industrias culturales, sino también de aquellos medios que no persiguen el lucro como fin último de su intervención en el espacio público». En 1973, la Declaración final de la IV Conferencia de Jefes de Estado y Gobierno de los Países no Alineados expr esaba: «Es un hecho demostrado que la acción del imperialismo no se ha limitado a los dominios político y económico, sino que comprende igualmente a los dominios cultural y social, imponiendo así una dominación ideológica extraña a los pueblos del mundo en vías de desarr ollo». Al año siguiente, en la XVIII Reunión General de la UNESCO aparece la remisión al «imperialismo cultural» entr e los principales temas a ser tratados para el sexenio 77-82. A partir de allí, se desarrollaría un intenso debate entr e los países del Tercer Mundo y los países centrales donde los primeros denuncian el desequilibrio de los flujos informativos mundiales, la dominación cultural, la construcción informativa falaz realizada por los países ricos acerca de las realidades de los países pobres y el reclamo de un nuevo orden que rebalancee las asimetrías mundiales, mientras los segundos reclaman el fr ee flow of information (libre flujo de información) en tanto cristalización del libre mercado en materia informativa, rechazando cualquier intervención estatal nacional o de cualquier instancia supranacional sobre los flujos infor mativos. En 1977 el Director General de la UNESCO encomienda a una misión de notables denominada Comisión Internacional de Estudio sobre Problemas de la Comunicación, pero conocida por todos por el nombre de su líder, el premio Nobel y Lenin de la Paz, Sean Mac Bride, la realización de un infor me que estudie los problemas mencionados. La presentación del «Infor me Mac Bride» –Un solo mundo, voces múltiples– y la difícil aprobación de la finalmente consensuada resolución 4.19 que establecía la necesidad de un Nuevo Orden de la Información y la Comunicación (NOMIC) determinó un antes y un después en los modos de concebir el papel de los sistemas de medios a nivel mundial. El hilo se tensó hasta que se cortó. De allí en más los embates serían más frontales, pero también las posiciones se irían diversificando. Estados Unidos y el Reino Unido deciden retirarse de la UNESCO y limitarse a las relaciones bilaterales con diversos países. La UNESCO, cambio de autoridades mediante, se aleja de las controversias y abandona los cuestionamientos al imperialismo cultural y a los nocivos impactos de las transnacionalización y la concentración de la pr opiedad de los medios sobre la cultura. Sin embargo, en 1981 ya empiezan a destacarse los argumentos esbozados por el ministro de Cultura francés Jack Lang a favor de una necesaria «excepción cultural». Vale recor dar que, como bien señalan Lourdes Arizpe y Giomar Alonso (2001: p.37): «…la excepción cultural fue invocada por primera vez por los Estados Unidos a principios de los años 50, durante las negociaciones del primer acuerdo de comercio multilateral de bienes culturales en la UNESCO, es decir, el Acuerdo de Florencia sobre la importación de material educativo, científico y cultural. La cláusula-reserva propuesta por los Estados Unidos fue publicada como un anexo de dicho Acuerdo, y estipulaba la posibilidad de cerrarse a las exportaciones en el caso que la producción nacional se viera amenazada.» De la excepción a la diversidad La década del 80 fue el inicio de una serie de pr ofundas transfor maciones en los sistemas de medios de comunicación del planeta. Una de las principales fue la concentración de la propiedad acompañada de la transnacionalización y la creciente globalización del mercado de bienes simbólicos. Del mismo modo, la convergencia tecnológica fue impactando en industrias y formatos, poniendo en potencial la fusión de audiovisual, telecomunicaciones e informática. Así, el sector infocomunicacional metamorfoseadofue adoptando un peso creciente en las economías nacionales, en el marco de una clara mercantilización de los bienes culturales y, en general, seguido a destiempo por las estrategias r egulatorias. En consecuencia, en pocos años la mayor parte de los bienes culturales y la información mundial quedó en unos diez grupos globales. A lo largo de los 90 irá desarrollándose lentamente una noción que, sin ser nueva, disparará nuevos horizontes por su carácter afirmativo que será la de «diversidad cultural». Se puede afir mar junto a Zallo (2006) que «…el concepto de diversidad es preferible a excepción cultural. Por una parte, describe un bien real a proteger por la comunidad que la desarrolla y por la humanidad de la que es parte, en lugar de una cláusula extraordinaria mercantil (…) Por otra parte, la vocación de la política de excepción cultural es defensiva, mientras que la de diversidad supone una política activa, de complementación de importaciones y de generación de un tejido cultural y comunicativo propio y en comunicación con otros.» La cuestión del cuidado de la diversidad cultural se centrará en al menos tres ejes: los riesgos que encarna la concentración sobre la diversidad y el pluralismo, la necesidad de establecer políticas activas a través de cuotas para resguardar y promocionar la producción local, nacional y regional y la incorporación de nuevos actores al sistema de medios, en particular los prestadores privados sin fines de lucro. En cuanto a la concentración mediática, las alertas surgirán desde todo tipo de fuentes: el sistema jurídico internacional de derechos humanos, investigadores en la materia y encuentros y organismos intergubernamentales, entre otros. Sin dudas, el momento central en el proceso de consolidación de la defensa de la cultura lo constituye la Declaración sobr e la Diversidad Cultural aprobada por unanimidad en la UNESCO en 2001 y que luego devendría en una Convención sobre la Protección y Promoción de la Diversidad en las Expresiones Culturales de carácter vinculante. Entre las principales preocupaciones se pueden ubicar el tratamiento difer enciado para las expresiones culturales, al margen de su tratamiento comercial. En otras palabras, de lo que se trata es que los bienes o expresiones culturales no puedan ser tratados como simples commodities, esto es, como una mercancía más. En consecuencia, la Declaración enfatizaba en su artículo 2, De la diversidad cultural al pluralismo cultural: «En nuestras sociedades cada vez más diversificadas, resulta indispensable garantizar una interacción armoniosa y una voluntad de convivir de personas y grupos con identidades culturales a un tiempo plurales, variadas y dinámicas. Las políticas que favorecen la inclusión y la participación de todos los ciudadanos garantizan la cohesión social, la vitalidad de la sociedad civil y la paz. Definido de esta manera, el pluralismo cultural constituye la repuesta política al hecho de la diversidad cultural. Inseparable de un contexto democrático, el pluralismo cultural es propicio a los intercambios culturales y al desarrollo de las capacidades creadoras que alimentan la vida pública.» Y subraya en su artículo 11: «Las fuerzas del mercado por sí solas no pueden garantizar la preservación y promoción de la diversidad cultural, condición de un desarrollo humano sostenible.» • Notas: Este artículo es un extracto de: «Pluralismo y diversidad. Dos ejes sustanciales de la agenda de regulación de los medios audiovisuales», capítulo escrito por Diego de Charras en: Baranchuk, Mariana, Rodríguez Usé, Javier y Mariotto, Gabriel (ed.); Ley 26.522: hacia un nuevo paradigma en comunicación audiovisual; Facultad de Ciencias Sociales - Universidad de Lomas de Zamora, 2011. |
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