Sesenta. Las radios comunitarias en América Latina
Las radios comunitarias rompen barreras: las que pone la ley, las que aíslan a emisores y
receptores. Las que pone el patriarcado, o las armas. O ese límite que dice que así es la vida y así será.
Cada radio comunitaria implica una transformación en el orden de la experiencia política:
hombres, mujeres, jóvenes, niños y niñas se encuentran para construir un lugar para ellos en el
mundo e idear una porción propia y colectiva de futuro.
En agosto de 2007 se cumplieron 60 años de la primera transmisión de una emisora comunitaria
en América Latina. La colombiana Radio Sutatenza, en 1947, inició la historia de las radios
populares, educativas, participativas, alternativas, comunitarias. En esos años, los/as trabajadores/as de las minas en Bolivia echaron a andar otra vertiente fundacional de nuestro movimiento.
Para festejar este aniversario, AMARC ALC realizó un concurso de producciones radiofónicas:
60 (sesenta). Las radios comunitarias en América Latina. Estas son las treinta producciones
seleccionadas. Radio sobre radios. Un modo de relatar nuestra historia colectivamente.
Picante parlante. Relatos de un mundo con perspectiva de género
Pican las palabras que llaman a cada cosa por su nombre: dicen que esa sería la revolución moral más tremenda que han visto los siglos.
Hablar, gritar, decir, manifestar, opinar, construir, escuchar, discutir, compartir. Las mujeres se rebelan y se revelan.
Parlantes las personas que amplifican sus experiencias para que sean colectivas. Parlantes que
potencian esas voces para que nadie dude de que lo personal es político. Eso dice cada sílaba y
cada melodía en un mundo con perspectiva de género. Y juntas suenan mucho más fuerte.
Sonsinfín. Cincuenta radios comunitarias en el mundo
El son es ritmo mestizo de guitarras, maracas, bongó y trompetas.
Son, una mujer que contornea las caderas para guiar con destreza los movimientos ágiles de su pareja.
El sudor de estos cuerpos impugna el sometimiento y el trabajo forzado. Es el de la búsqueda del paso que marca un ritmo distinto.
Hacen sonar una forma de ver el mundo.
Silba y clava la vista en el horizonte.
Suspira rodeada de miles en una manifestación.
Pone una silla en el umbral y, sentado, tararea.
Baila y espera el semáforo.
Enciende la radio.
Son, las radios comunitarias, en estos sonidos que visten de rojo, de negro, de violeta, para salir
a levantar polvo en la pista de baile y en las calles.
Son cincuenta e infinitas las cadencias, los
compases, su temperamento, la bronca, las ideas, las sonrisas.