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Cara y Señal #14 Editorial Equipo Cys 14 AMARC 10 / Comunicación Comunitaria AMARC Argentina, anfitriona Plurales singulares Textuales La red manifiesta Lo local en lo global Camisetas amarillas El instante, la instancia, la insistencia Entrevista Carlos Aparicio La red 8 años en 5.500 caracteres La región de las islas unidas Movimientos sociales No cabe en tu moneda / Chile La radio Centinela de sonidos Dispositivos (e) imaginarios Género Desentraña la trama Pueblos originarios La ciudad de donde hemos venido Derecho a la comunicación Una ley contra la ley / Paraguay Contra el control / Panamá Grandes como os desafios / Brasil Incidir y seguir / Bolivia La potencia del pueblo / EEUU Sabías qué? Reunión de representantes / Perú Casa mundial / Canadá Empresa social sustentable / Colombia Foro de economía social / Canadá Jóvenes previniendo el HIV / México | (Derecho a la comunicación) Ley de Radios comunitarias / Estados Unidos La potencia del pueblo Los últimos días de 2010 fueron, en realidad, los últimos días de diez años de campañas lideradas por activistas de medios de comunicación para que se les garantice la oportunidad de sumar nuevas estaciones al dial. El Senado de Estados Unidos aprobó la Ley de Radio comunitaria local. Por Pete Tridish* Estados Unidos tiene un contexto peculiar en lo que respecta a medios comunitarios, un contexto muchas veces ignorado en el resto del mundo. En parte, porque AMARC no ha tenido una presencia activa en este país, de modo que las radios comunitarias están representadas principalmente por la Federación Nacional de Radios Comunitarias y Prometheus Radio. Algunos datos sobre este contexto: La Primera Enmienda de la Constitución Nacional garantiza la libertad de expresión, que se interpreta en el sentido de que todo puede ser dicho en las estaciones de radio, excepto «malas palabras» o contenidos pornográficos. La reglamentación de los medios es de carácter federal y el otorgamiento de las licencias responde estrictamente a criterios técnicos, sin consideraciones sobre los contenidos. Las radios autorizadas cuentan con un rango de cobertura en el que se les garantiza que no serán interferidas y las emisiones sin licencia son rápidamente acalladas cuando las corporaciones presentan quejas. En ocasiones, las radios comerciales no notan las emisiones no autorizadas y los medios «piratas» pueden permanecer al aire durante años, pero en la mayoría de los casos persisten apenas unos meses. En las grandes ciudades las señales de FM fueron distribuidas en la década del ‘80 y hoy en día no hay espacio para más emisoras de gran cobertura. Pero durante muchos años no se otorgaron licencias para emisoras de baja potencia, que ahora servirán para cubrir barrios de las grandes ciudades. Actualmente existen unas 200 radios comunitarias de gran cobertura en ciudades importantes de Estados Unidos, pero no ha habido oportunidad alguna para emisoras de baja potencia comunitarias o comerciales. Baja potencia en el imperio A mediados de los ‘90 los movimientos sociales se convirtieron en una molestia para la consolidación de la propiedad de los medios. Respondieron a la eliminación de las protecciones contra la concentración y los debates sesgados en los medios comerciales con la instalación de radios «piratas». Por esa época, el famoso juicio que involucró a Free Radio Berkeley en California puso en tela de juicio a la autoridad de regulación de las comunicaciones (FCC) y entre 1993 y 1997 se instalaron cerca de mil radios «piratas». Esta etapa terminó con el fallo de la Corte a favor de la FCC, pero el movimiento había crecido tanto que el ente regulador tuvo que atender a sus demandas y en 2000 la FCC creó una nueva forma de licencias de baja potencia. Las emisoras comerciales estaban acostumbradas a tener coberturas mucho más amplias de lo que les estaba permitido. Por eso, cuando se empezaron a otorgar permisos a radios de baja potencia, devolvieron el golpe. Persuadieron al Congreso para sancionar la Ley de Preservación de radiodifusoras que confinó a las emisoras de baja potencia a comunidades rurales. En esos sectores se dio todo el crecimiento de las radios comunitarias en los últimos diez años. Durante mucho tiempo, fueron enormes los esfuerzos de los activistas de medios alternativos para derogar esa ley y abrir la posibilidad de instalar emisoras comunitarias en las ciudades. El circo y las piruetas Las organizaciones sociales movilizaron a gente de todo el país e incluso a las iglesias. Las alentamos a convencer a los legisladores conservadores para que las iglesias puedan acceder a medios de comunicación, ya que la Primera Enmienda establece que no se debe distinguir entre radios comunitarias y religiosas. También nos acercamos a funcionarios responsables de gestión de desastres, con el argumento de que las radios comunitarias podrían brindar apoyo en esas situaciones, mucho más que los grandes medios comerciales. Las emisoras comerciales estaban utilizando su influencia política para convencer a un puñado de senadores de utilizar una serie de artilugios legales para detenernos. Nuestra acción más fuerte se puede sintetizar en dos consignas: decíamos que los radiodifusores estaban «convirtiendo la democracia en un circo», deslegitimando el sistema, socavando los procedimientos de toma de decisiones. Y decíamos que los medios comunitarios estábamos «saltando por el aro» como los leones en el circo: haciendo piruetas crueles para la diversión de los demás. Frente a la sede de los medios comerciales nos vestimos como personajes de circo y portamos carteles que decían «¡dejen de hacer saltar a las radios comunitarias a través de aros!». Lo hicimos en navidad y amenazamos con repetirlo en todas las radios comerciales del país. Estábamos, además, dañando la reputación de las asociaciones comerciales, al mismo tiempo que se las acusaba de negociar de mala fe con la industria del cable y la música. Necesitaban resguardar su imagen: la Asociación Nacional de Radiodifusores volvió a la mesa de negociación y accedió a dejar pasar la propuesta de las radios de baja potencia. Una nueva onda El impacto de la Ley de Radio comunitaria local será enorme. La mayoría de las ciudades tendrá entre tres y ocho emisoras. Habrá, también, muchos candidatos para ocupar estos nuevos espacios y la competencia será dura, especialmente con algunos sectores de la iglesia. La mayoría de radios religiosas retransmiten programaciones satelitales en red, por eso estamos luchando para que se incluya la producción local de contenidos como requisito. Si bien la Primera Enmienda prohíbe que la FCC favorezca a la izquierda sobre la derecha, o a la comunidad frente a la iglesia, sí puede exigir que las radios produzcan sus propios contenidos para promover la diversidad y las identidades locales. Una vez que enfrentamos al disfuncional sistema político de Estados Unidos, la verdadera misión será ayudar a los grupos a obtener licencias y a construir más y más radios para ampliar la cultura y el debate. • Notas: *Prometheus Radio Project |
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