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(Género)
Violencia hacia las mujeres

Desentraña la trama

Hablar de violencia de género no sólo supone dar cuenta de la enorme cantidad de casos que se suscitan día a día en la región, sino también cavar en una variedad de condiciones políticas, económicas e históricas. Exige profundizar el análisis crítico sobre los modos en que la cultura patriarcal impacta no sólo en la sociedad en general sino también, y específicamente, en los espacios alternativos. Porque enfrentar esa violencia supone la fragosa apuesta a desafiar al poder que la ampara y sus armaduras legales, policiales, culturales y comunicacionales.

Por Claudia Korol*

La Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) definió femicidio como el «homicidio de una mujer por razón de su género». Es una de las formas más extremas de violencia contra las mujeres y es necesario abordarla en toda su amplitud, con todas sus derivaciones: para que se produzca tiene que haber una historia de complacencia de autoridades, de instituciones, del poder.

Por eso la labor de las radios comunitarias está signada no tanto por la denuncia de esta violencia como hechos aislados y coyunturales, sino como parte de la cultura patriarcal que nos vulnerabiliza y nos vuelve objeto de malos tratos que pueden llegar hasta la muerte. Esto requiere de un proceso de formación de comunicadoras y comunicadores que permitan conocer y comprender las implicancias de la naturalización de esta violencia en la vida cotidiana como factor de enajenación de las mujeres, de control social de nuestros cuerpos y de nuestras vidas. Es, por esto, una oportunidad para hilvanar redes de acción que den curso no sólo a la difusión de políticas de equidad de género, sino a la actuación concreta y colectiva frente a la denuncia de hechos de violencia física o psíquica.

La audacia de denunciar la violencia de género y la connivencia que la ampara se ha cobrado vidas, como en los casos paradigmáticos de Ciudad Juárez donde Susana Chávez -autora de la frase «ni una muerta más»- fue asesinada el 12 de enero de 2011, un mes después que Marisela Escobedo, que denunciaba frente al Palacio de Gobierno de Chihuahua el homicidio de su hija. En 2010 la propia Procuraduría General mexicana había revelado que ese año se cometieron en Ciudad Juárez 306 feminicidios, la tasa más alta en 18 años.

México ha estado en la primera plana cuando los medios se disponen a revelar la violencia de género, pero los casos sobran también en otros países de la región. El Salvador ostenta la tasa de femicidios más alta del mundo: 129,5 asesinatos por cada millón de mujeres, según el III Informe internacional sobre violencia contra la mujer en las relaciones de pareja. En Guatemala, según la CEPAL, «de los 2.920 homicidios de mujeres registrados en los últimos cinco años, solamente se informaron 186 detenciones, lo cual equivale a una tasa de impunidad de 94%». En Perú, de enero a noviembre de 2010 se registraron en los Centros de Emergencia Mujer (CEM) 35.884 casos nuevos y reincidentes de violencia familiar y sexual. De acuerdo al informe de la representante de la Comisión Internacional para la Mujer en la asamblea de la OEA, en América Latina la violencia de género va verdaderamente en aumento: una de cada tres mujeres es víctima.

El panorama se agravamás aún donde la violencia es política de Estado -como es el caso de Honduras, Colombia y Haitíy por el impacto de sociedades que han atravesado guerras, como El Salvador, Nicaragua y Guatemala. En Colombia se multiplican las denuncias de casos de mujeres que han sido violadas o asesinadas en contextos de guerra, de acción represiva tanto militar como paramilitar y de intervención norteamericana en los territorios.

Otro tanto sucede con las mujeres haitianas, una y otra vez violentadas en sus derechos como consecuencia de las políticas de destrucción neocoloniales que están en curso con la complicidad de las tropas de la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (Minustah).

Denuncian las Feministas en Resistencia de Honduras que «los femicidios cada año van en ascenso. Más de 300 casos en 2010, de los cuales únicamente 22 obtuvieron sentencia, mientras los recursos de la Unidad de Investigación de Muertes Violentas de Mujeres se destinan a otros menesteres. A las mujeres campesinas se las criminaliza y violenta por una simple razón: ejercen su derecho a tener un pedazo de tierra para alimentar a sus familias».

Las tramas y las redes

Profundizan las Feministas en Resistencia en un análisis que se derrama por el continente: «A las mujeres las matan por ser mujeres, porque los hombres se sienten con el poder para actuar, usando la fuerza, hasta la más extrema y mortal, amparados por la impunidad y la permisividad social y del Estado, donde los crímenes se acumulan sin que se aplique oportunamente la justicia, ni las víctimas directas o indirectas reciban la atención y resarcimiento que corresponde. Los femicidios son crímenes de Estado, por lo tanto el Estado hondureño es el principal responsable de esta situación de violencia contra las mujeres. Nos encontramos hoy ante un Estado colapsado, con instituciones debilitadas, ineficientes e irresponsables, que han demostrado que no tienen compromiso real, más allá de los discursos, de impulsar acciones que permitan prevenir, atender y sancionar la violencia contra las mujeres. La impunidad y la injusticia se ha impuesto en los crímenes contra las mujeres».

La consideración de las mujeres como propiedad de los hombres es el resultado de una cultura colonial y patriarcal impuesta en nuestro continente por los conquistadores. Entonces se produjeron los primeros femicidios y usurpaciones de los cuerpos de las mujeres indígenas, violadas, asesinadas, sometidas a esclavitud en el mismo acto en el que se saqueaban y ocupaban los territorios. La historia de la impunidad en América Latina tiene larga huella en la memoria colectiva. Explorarla es un enorme reto que muchas radios comunitarias han abordado con estrategias diversas y un deber que requiere del esfuerzo de muchas comunicadoras y comunicadores comprometidos.

La vasta red de radios comunitarias de América Latina -y como parte de ella, la Red de Mujeres de AMARC ALCpuede volverse un instrumento eficaz para aportar a la batalla por la visibilización de la violencia contra las mujeres. El desafío es una invitación a imaginar las maneras en que es posible, desde las radios comunitarias, desde nuestras redes, interactuar en los espacios de la vida cotidiana donde se tejen los hilos que producen y reproducen la vida social. Espacios para insistir en que la violencia contra las mujeres no es un problema privado que se resuelve aisladamente al interior de los hogares.

Hacer públicas las situaciones de violencia contra las mujeres, desde las radios comunitarias y en coordinación con las redes del movimiento de mujeres de manera de unir la denuncia con políticas de acompañamiento y contención, no sólo puede ayudar a acortar sufrimientos, a evitar muertes, sino también a debilitar los lazos de impunidad que crean la trama en la que se apoya esta violación de nuestros derechos.  •


Notas:
*Programa de Género de AMARC ALC




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